viernes, 3 de febrero de 2017

Décima Luciérnaga - Una Reflexión sobre fotografía


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¿El arte busca la perfección? Quizás una extraña, una que se alcanza tras el error. La perfección es momentánea, no se puede buscar un elemento completamente perdurable, tal como lo decía Leonardo DaVici, “una obra de arte jamás se termina” le podemos agregar, una obra de arte llega cuando sea necesario, tras mil intentos o después de mucho tiempo.

La fotografía se convierte en uno de los ejemplos perfectos para dar a entender lo anterior. De 50 fotografías que se tomen, 5 o ninguna pueden convencer al fotógrafo de su trabajo. De las primeras cosas que debería comprender un fotógrafo es que su objetivo es esquivo, pues al intentar capturarlo, y es natural la resistencia, huirá.

Comprendo la fotografía como una serie de errores que cuentan una historia hasta el momento culmen de perfección, ese solo instante donde por fin se ha logrado la toma perfecta y que va acompañada de los cientos de intentos pasados.

Hoy quise escribir sobre fotografía porque me aterra en lo que puede transformarse esta practica, esta que con el populismo de las cámaras y las redes sociales virtuales se ha convertido en uno de los pasatiempos de moda. La fotografía es un medio para comunicar, pero ¿para comunicar qué? ¿acaso la realidad? ¿acaso una mentira? ¿acaso para lo bello? Y es que ahora los filtros van y vienen, las fotos terminan siendo el resultado de una serie de modificaciones digitales que puede cambiar por completo el sentido inicial o simplemente darle el completo sentido a la toma.

Este populismo ha hecho que se empiece a considerar aun más la profesión del fotógrafo que hace todo, el que piensa en las luces, en la composición, en los elementos que quiere, el que dirige, el que edita… sabiendo lo que busca, o sospechandolo nada más, sabiendo que no le será fácil encontrarlo y trabaja en armonía con sus modelos, sus paisajes.

Debo decir que este auge de la fotografía, debido a las innovaciones tecnológicas que han permitido llevar una gran herramienta a las manos de muchos, por poco dinero, ha provocado que los egos crezcan a desmedida y el fotógrafo se convierta en un ser supremo con unos talentos que le permiten hacer a un nivel más alto lo que muchos ahora hacen. Pero, como lo dije antes, un fotógrafo debe estar en armonía con lo que fotografía y ser paciente, los elementos son esquivos.

Esto me ha llevado a pensar en algo ¿acaso todos esos elementos de una fotografía desean ser fotografiados? ¿Se han preguntado si es necesario disparar cada vez que vemos algo hermoso o si solo deberías admirarlo por lo que es, en su momento, sentirlo nuestro y no desgastarlo con una imagen congelada por el resto de la eternidad, que indudablemente no es lo mismo? Tal vez no sea claro ese punto, pero me refiero a que la naturaleza esquiva de nuestros focos tal vez quiera decir que no desean ser retratados – suena bastante loco ¿no? – y nosotros insistimos, hasta que quieran, hasta que se acostumbran a la cámara, hasta que el fotógrafo logra conectarse, dejar su ego a un lado, dejar de ser tan engreído, deja de tratar controlarlo todo y trabaja con lo que tiene.


Puede que todo esto sea una idea muy idílica, pero forzar una sonrisa es un atropello a la felicidad, si ella no quiere aparecer frente a tu lente déjala en paz o trata de agradarle, sin prepotencia, porque estas tratando de captar un sentimiento. Y puede que no sea fotógrafo, pero vivir tras un lente resulta bastante limitador a la imaginación, trata de sentirlo primero, luego tómalo.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Novena Luciérnaga - A la mierda con lo que escribo.

Hoy me quejo, me quejo como de costumbre, me quejo porque no puedo entender todo lo que ha pasado por esta mente insana que intenta no sucumbir ante sus propias dudas y escribo, como un esclavo de mis propios sentimientos, como un demente que no sabe expresarse en minimas palabras o acciones, pero escribo solo los fragmentos de lo que pienso, al final escribo solo los despojos, solo la mierda que no quiero seguir oliendo.

Solo escribo sobre los demonios que han maltratado mi vida y de los que ya no quiero pensar y así me han llamado poeta, por poner en letras lo que no quiero sentir, lo que muchas veces solo me estorba, lo que no quiero volver a vivir.

Mi verdadera poesía, dejen que les cuente, siempre estará oculta, solo la conservan las personas a las que alguna vez les escribí. Ellas son las dueñas de esas palabras, solo ellas pueden conocerlas, solo ellas deciden que hacer con esas letras.

Sí, he escrito para muchas personas a nivel público, pero esa escritura jamás se comparará con aquella que alguna vez pude escribirle en privado.

jueves, 17 de marzo de 2016

Octava Luciérnaga: Sólo quería caminar bajo la lluvia

Salí y comenzaron a caer las primeras gotas de lluvia, las calles comenzaron a brillar, el asfalto húmedo reflejaba las luces de las farolas sobre mí; las calles vacías, pequeñas almas se veían correr, la soledad y la lluvia se hacían las mejores amigas, las luces de las casas se formaban como haciéndome un camino, me dirigían y yo caminaba mientras veía en mi sombra como los crespos sobre mi cabeza saltaban, como si se regocijaran por recibir las tan anheladas y pequeñas virutas de lluvia. Poco a poco las goteritas se hacían más grandes y caían con más fuerza, en este punto ya me encontraba muy lejos de casa, las luces de las casas se habían transformado en comercios a punto de cerrar y las pequeñas almas en congregaciones buscaban refugio bajo cualquier parasol.
La humedad ya no solo se sentía en el aíre, mis ropas se encontraba empapadas, pesadas, frías… la lluvia había comenzado a desaparecer y solo quedaba un frío tenue que recorría las calles y erizaba mi piel.

Los pensamientos se habían mojado ya, fue suficiente exposición, era el único caminando bajo la lluvia con una tranquilidad que rayaba en lo extraño, no todos quieren mojarse, solo una persona a quien se le han derretido las ideas como papel mojado, lo preciso para dormir tranquilo en una noche de calor.  

martes, 3 de noviembre de 2015

Séptima Luciérnaga: ¡Qué viva la música!

Después de mucho pensarlo y de casi jurar que no lo haría, terminé haciéndolo, terminé en una sala de cine esperando y viendo ¡Qué viva la música!
Recuerdo muy bien que al leer esta obra de Andrés Caicedo, me tomé mucho tiempo para terminarla, porque en la biblioteca solo me prestaban el libro por una semana y lo tenía que renovar constantemente y al cabo de tres renovaciones había que regresarlo. Así la lectura  se alargaba y puede que 3 semanas sean suficientes para leer un libro como ese, pero me daba tiempo con cada narración, buscaba las canciones, que en ocasiones tarareaba María del Carmen, y sobre todo porque soy de lectura lenta.

Cuando me di cuenta que se haría una adaptación al cine de este libro, creo que tuve la sensación de que todo se iba a la mierda, hasta aquí llegó la maravilla pero, recordé que cuando se trata de poner la historia de un libro en un film este queda completamente diferente, porque es otro medio de comunicación e influye para que la historia cambie en la forma que es contada, por eso se da ese sin sabor al final y decimos “así no es en el libro”. Por un momento tuve esperanzas.

Si bien es cierto, y es algo que he confirmado a lo largo de los años cada vez que leo algo que dicen sobre Caicedo y sus libros, y en conversaciones con amigos y compañeros de estudio, las historias de este autor no son la gran maravilla en cuanto a la creación de personajes, lo que impacta de este escritor es su elocuencia al narrar sucesos cotidianos, es algo que te atrapa (en lo personal), los viajes psicodélicos, los monólogos extendidos donde podemos conocer mejor a los personajes, elementos que se convierten en un desafío, tomando en cuenta que el tiempo limitado del formato visual. Tratar de llevar algo como esto al cine nacional, donde los presupuestos son limitados, supongo que será un pequeño dolor de cabeza , aquí el tiempo en pantalla es oro.

Supimos desde el comienzo que este film estaría ambientado en la Cali actual, nada de la Cali de antaño, esa Cali loca de una generación que se sentía perdida, el sentimiento que pone de manifiesto muchas veces la novela. Punto en contra, nuevamente. La prevalencia de la música electrónica al comienzo de la producción nos saca de la ilusión de una juventud perdida en las pistas de baile entre rock y salsa, y muchas drogas, claro, pero esto no es algo que se olvidara en la película, por el contrario, es un elemento muy fuerte, me arriesgo a decir que un 90% del tiempo de proyección estamos en contacto con drogas y algo de sexo. Claramente esto también es un intento por un cine comercial.

Antes de ver la película me encontré con un pequeño artículo en Internet de Ivan Gallo, publicado en el periódico virtual Las 2Orillas en el que se ofrecía un comentario, que muy a mi pesar, lo comparto ahora; la película es una simple recopilación de frases del libro recitadas por los actores (no digo nada de las actuaciones porque no me siento calificado para hacerlo) lo que me lleva a pensar en la película como un comercial de más de una hora. La estrategia de narrar apartes del libro, pasajes destacados, es casi lo único que nos conecta con la novela original, pero no me rima con los paisajes modernos, que aunque sigan conservando parte de las inquietudes juveniles, estas ya no van con el apogeo de la época.

Para terminar, y que esto no se vuelva el tedio completo, me refiero a las personas que no se hayan leído el libro y crean que viéndose la película podrán zafarse de esa actividad, lo siento, si llegan a las salas de cine sin un mínimo conocimiento de la historia sentirán que perdieron su dinero, aún más que los que la vimos y conocíamos la historia. Así que, estudiantes, si tienen como tarea (quien sabe en qué colegio pongan un tarea así) no se vean la película esperando responder bien el examen o el trabajo que derive de esa actividad, Caicedo no conoció la salsa-choke y lo agradecemos.

Quiero pensar en una frase debajo del nombre de la película “inspirada en el libro de Andrés Caicedo…” como una señal para no hacer demasiadas ilusiones en tanto a la historia y la forma en cómo se disponen a contarla.


Camilo Mendoza. 

martes, 7 de octubre de 2014

Sexta Luciérnaga - Noche de muertes

Bajo esta luna te dejo, querido amigo
Bajo esta luna descansa, fiel compañero
Bajo esta luna la muerte se ha posado en mis manos, te ha llevado, quizás por mérito mío, quizás por cosas de la vida
Bajo esta luna se ha cobrado tu estancia en la tierra
No pudo ser el mejor escenario para partir, quizás no las condiciones adecuadas, pero partiste a mi lado, dejándome aquí mientras recuperabas tus alas dañadas.
Yo estaba para cuidarte, pero no pude comprenderte; sentí en carne la incapacidad humana, la fallida misión que no sabemos llevar.

Las noches de luna inmensa ya significarán la fragilidad de la vida.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Quinta Luciérnaga - No soy poeta.



Un día me comenzaron a decir poeta y yo me preguntaba si de verdad lo era.
Siempre lo he tomado a manera de burla, intento escribir, no lo niego, pero nunca me he considerado un poeta, creo que no lo soy, soy simplemente una persona que, como dice Lorca, siempre está a punto de llorar, y lo hace, lo hace con letras.
Creo que me falta mucho alcohol, marihuana y sexo para ser un poeta, porque eso es lo que vende ahora en un poeta ¿no? Ser el más malo, el que va contra la corriente, el que le escribe al amor en forma de su única rebeldía, y no niego que el verdadero poeta sea un rebelde, ese que desencaja en la sociedad, pues la literatura se hizo para eso, el arte se hizo para eso, para expresar lo más interno del humano, para mostrar el alma.

Yo no soy un poeta, aunque mantenga emocional, como ahora con lagrimas en los ojos por que por primera vez siento la soledad, aunque le dedique parte de mi tiempo a escribir, a retratar mis sentimientos y luego enseñarlos a unos pocos, ponerlos en estas redes para que al final sean olvidados y en últimas borrados, tanto de lo virtual como de las personas porque ya piensan que soy un engreído, todo por creer por unos momentos las palabras de los demás.

No. Yo no soy poeta, me faltan "huevos", no soy reconocido, ni viajero, no tengo un verso para cada hora del día, no me he enamorado de mil mujeres. Escribo para pasar el tiempo, escribo para mostrar mi lado oscuro, lado que se hizo más fuerte al creer que tenia un titulo, el de poeta.

¡Ni mierda! Yo no soy poeta. Yo soy un simple pendejo que duerme dentro de un sistema social, dentro de un sistema personal y cree que es dios, aunque se necesite mucho para entender esa idea, junto con mi idea de amor, con mi idea de amistad, de paz, de libertad, esas ideas que no escribo porque no quiero ser de nuevo mal llamado poeta, ahora poeta anarquista; no me sirve de nada llenarme la boca y las manos de palabras si llegan a nadie porque nadie ya me escucha o lee.

Me voy quedando solo y eso si que me hace menos poeta - no tengo quien me lea de verdad, no tengo a quién escribir y se estremezca -.

Mi idea era decir que poeta no soy, pero esto al parecer resultó una quejadera poética, un poco oscura, romántica, sentimental.

En fin, no soy poeta. Ya no soy ni yo.