Se supone que lo siguiente a publicar sería una Luciérnaga sobre una película, una que se me antoja volver a ver, si el cansancio me lo permite en estos momentos, porque ahora no sé como me siento, me pierdo al querer regalarme una respuesta... estoy cansado o triste (?).
Con un fondo musical propuesto por The XX me siento en plenitud, en el equilibrio perfecto entre la tristeza y el sueño, porque llorar de esa manera cansa y te pone triste. Les cuento: en la madrugada rasgué mi alma mojada en lagrimas, lloré y maldije cada una de mis lamentaciones. Lloré con el aliento, me quedé sin aire, me halé el cabello y apreté mis extremidades... luego todo fue calma, como el viejo Córtazar alguna vez lo escribió, pero todo ello me había dejado sin fuerzas y perdido en la mitad de mi cama. Esta vez logré esquivar el peso sobre mí, pero no creo que vuelva a pasar.
Estoy perdido, sin luz, aguardo que alguien presione el interruptor que hay al lado de la puerta y espero que sea ella, un mensaje, una noticia, porque la sosobra me está acabando de hacer perder y ya no sé para donde mirar ni que tan lejos ir, no sé si quedarme sentado en un rincón y esperar, confiar en ella, en que volverá, porque no se despidió, porque quiero oírla, porque quiero verla, leerla, besarla y decirle toda palabra que despierte el amor dentro de mí.
Quizás termine viendo la película y pueda hacer un mejor comentario en la siguiente entrada.
Un espacio para el sin lugar, para el desafortunado y para el que quiera pasar un rato, para esos que se sienten Luciérnagas en el día, Luciérnagas que no son de un espacio
domingo, 7 de enero de 2018
domingo, 18 de junio de 2017
Décimo segunda Luciérnaga - Hoy es un día común de soledad
Noche de domingo. Poca acción. Un pequeño sillón, la tv, el
anime que llevo viendo por dos meses. Algarabía en la calle. Una celebración
anual.
¿Y yo qué pitos toco en todo esto? Mi única razón de ser,
por el momento, es ser uno con el sofá y comer, tomar café, tallarme lo ojos,
mirar la tv, cambiar el capítulo, pararme, sentarme.
Un poco de música a lo lejos, algo más en el cuarto de al lado,
un poco más en la pc. 5 goles y no me importa. Feliz día del padre, espero la
cerveza esté buena.
No te sentís mal, no estás triste, solo un poco aburrido y
solo. Tal vez estas muy acostumbrado a una presencia; quizás solo la espero,
quien sabe, nadie sabe.
Sueño, cansancio. Fotos, aprovecha la cámara; fotos al fuego
de la estufa, busca su mejor Angulo.
Debería dormir, en un momento lo haré. Suenan baladas, cantos de hinchada, semi-boleros modernos,
pop, rap… el padre es un buen tema…. La celebración es un buen tema, la
incapacidad para disfrutarla escudándose en los recuerdos de alientos agrios y
la imagen zombie que siempre odie.
Me voy a dormir.
jueves, 16 de febrero de 2017
Décimo primera Luciérnaga - Darse cuenta
Sentado en una silla que apenas
es una pedazo de espuma, cubierto con tela gris, regreso a casa pero esta vez
recuerdo un cuento que alguna vez leí en el colegio, uno sobre un pequeño
pueblo dominado por una fábrica donde cada mañana sus llamadas sonaban y los
hombres de casa salían de sus hogares y se adentraban en las entrañas de la bestia,
la cual al caer la tarde sonaba de nuevo sus alarmas y vomitaba a los hombres
que había engullido, sucios, cansados, completamente acabados. De alguna manera
veo a mi pequeño paraje rodeado de industrias que devoran hombres en la mañana
y devuelven retajos de ellos en las noches, retajos que se vuelven a casa en los buses públicos,
eso en los que ahora yo me movilizo.
Desde hace 5 años que comencé a
viajar de ciudad en ciudad para estudiar comencé a ver como en las noches los
buses iban plagados de hombres, en su mayoría trabajadores, hombres sucios y
cansados. Claramente también mujeres subían a estos vehículos, señoras y jovencitas
que salían de las bodegas de empaque, cansadas, con sueño, con hambre. Todos regresan
a casa con ganas de ver a su familia, de comer, de dormir.
¿Cuándo comencé a ser yo de esa clase
de personas que salía de casa muy
temprano y volvía muy tarde? No sé. Solo sé que hoy vuelvo a casa muy
tarde después de estudiar y trabajar, en ocasiones más lo segundo. Me convertí
en uno de esos hombres.
Hoy me encontraba viajando,
delicadamente, en un bus que recorría la autopista con prisa, saltando según las
irregularidades del camino. Hoy me descubrí como uno de esos hombres que volvía
a casa con ganas de dormir, y muy de vez en cuando, con ganas de que no
amanezca.
viernes, 3 de febrero de 2017
Décima Luciérnaga - Una Reflexión sobre fotografía
¿El
arte busca la perfección? Quizás una extraña, una que se alcanza tras el error. La
perfección es momentánea, no se puede buscar un elemento completamente
perdurable, tal como lo decía Leonardo DaVici, “una obra de arte jamás se
termina” le podemos agregar, una obra de arte llega cuando sea
necesario, tras mil intentos o después de mucho tiempo.
La
fotografía se convierte en uno de los ejemplos perfectos para dar a entender lo
anterior. De 50 fotografías que se tomen, 5 o ninguna pueden convencer al
fotógrafo de su trabajo. De las primeras cosas que debería comprender un fotógrafo es que su objetivo es esquivo, pues al intentar capturarlo, y es natural la
resistencia, huirá.
Comprendo la fotografía como una serie de errores que cuentan una historia hasta el momento culmen de perfección, ese solo instante donde por fin se ha logrado la toma perfecta y que va acompañada de los cientos de intentos pasados.
Comprendo la fotografía como una serie de errores que cuentan una historia hasta el momento culmen de perfección, ese solo instante donde por fin se ha logrado la toma perfecta y que va acompañada de los cientos de intentos pasados.
Hoy
quise escribir sobre fotografía porque me aterra en lo que puede transformarse
esta practica, esta que con el populismo de las cámaras y las redes sociales
virtuales se ha convertido en uno de los pasatiempos de moda. La fotografía es
un medio para comunicar, pero ¿para comunicar qué? ¿acaso la realidad? ¿acaso
una mentira? ¿acaso para lo bello? Y es que ahora los filtros van y vienen, las
fotos terminan siendo el resultado de una serie de modificaciones digitales que
puede cambiar por completo el sentido inicial o simplemente darle el completo sentido a
la toma.
Este
populismo ha hecho que se empiece a considerar aun más la profesión del
fotógrafo que hace todo, el que piensa en las luces, en la composición, en
los elementos que quiere, el que dirige, el que edita… sabiendo lo que busca, o
sospechandolo nada más, sabiendo que no le será fácil encontrarlo y trabaja en
armonía con sus modelos, sus paisajes.
Debo
decir que este auge de la fotografía, debido a las innovaciones tecnológicas
que han permitido llevar una gran herramienta a las manos de muchos, por poco
dinero, ha provocado que los egos crezcan a desmedida y el fotógrafo se
convierta en un ser supremo con unos talentos que le permiten hacer a un nivel
más alto lo que muchos ahora hacen. Pero, como lo dije antes, un fotógrafo debe
estar en armonía con lo que fotografía y ser paciente, los elementos son
esquivos.
Esto
me ha llevado a pensar en algo ¿acaso todos esos elementos de una fotografía
desean ser fotografiados? ¿Se han preguntado si es necesario disparar cada vez
que vemos algo hermoso o si solo deberías admirarlo por lo que es, en su
momento, sentirlo nuestro y no desgastarlo con una imagen congelada por el
resto de la eternidad, que indudablemente no es lo mismo? Tal vez no sea claro
ese punto, pero me refiero a que la naturaleza esquiva de nuestros focos tal
vez quiera decir que no desean ser retratados – suena bastante loco ¿no? – y
nosotros insistimos, hasta que quieran, hasta que se acostumbran a la cámara,
hasta que el fotógrafo logra conectarse, dejar su ego a un lado, dejar de ser
tan engreído, deja de tratar controlarlo todo y trabaja con lo que tiene.
Puede
que todo esto sea una idea muy idílica, pero forzar una sonrisa es un atropello
a la felicidad, si ella no quiere aparecer frente a tu lente déjala en paz o
trata de agradarle, sin prepotencia, porque estas tratando de captar un
sentimiento. Y puede que no sea fotógrafo, pero vivir tras un lente resulta
bastante limitador a la imaginación, trata de sentirlo primero, luego tómalo.
lunes, 26 de diciembre de 2016
Novena Luciérnaga - A la mierda con lo que escribo.
Hoy me quejo, me quejo como de costumbre, me quejo porque no puedo entender todo lo que ha pasado por esta mente insana que intenta no sucumbir ante sus propias dudas y escribo, como un esclavo de mis propios sentimientos, como un demente que no sabe expresarse en minimas palabras o acciones, pero escribo solo los fragmentos de lo que pienso, al final escribo solo los despojos, solo la mierda que no quiero seguir oliendo.
Solo escribo sobre los demonios que han maltratado mi vida y de los que ya no quiero pensar y así me han llamado poeta, por poner en letras lo que no quiero sentir, lo que muchas veces solo me estorba, lo que no quiero volver a vivir.
Mi verdadera poesía, dejen que les cuente, siempre estará oculta, solo la conservan las personas a las que alguna vez les escribí. Ellas son las dueñas de esas palabras, solo ellas pueden conocerlas, solo ellas deciden que hacer con esas letras.
Sí, he escrito para muchas personas a nivel público, pero esa escritura jamás se comparará con aquella que alguna vez pude escribirle en privado.
Solo escribo sobre los demonios que han maltratado mi vida y de los que ya no quiero pensar y así me han llamado poeta, por poner en letras lo que no quiero sentir, lo que muchas veces solo me estorba, lo que no quiero volver a vivir.
Mi verdadera poesía, dejen que les cuente, siempre estará oculta, solo la conservan las personas a las que alguna vez les escribí. Ellas son las dueñas de esas palabras, solo ellas pueden conocerlas, solo ellas deciden que hacer con esas letras.
Sí, he escrito para muchas personas a nivel público, pero esa escritura jamás se comparará con aquella que alguna vez pude escribirle en privado.
jueves, 17 de marzo de 2016
Octava Luciérnaga: Sólo quería caminar bajo la lluvia
Salí y comenzaron a caer las primeras gotas de lluvia, las
calles comenzaron a brillar, el asfalto húmedo reflejaba las luces de las
farolas sobre mí; las calles vacías, pequeñas almas se veían correr, la soledad
y la lluvia se hacían las mejores amigas, las luces de las casas se formaban
como haciéndome un camino, me dirigían y yo caminaba mientras veía en mi sombra
como los crespos sobre mi cabeza saltaban, como si se regocijaran por recibir
las tan anheladas y pequeñas virutas de lluvia. Poco a poco las goteritas se hacían
más grandes y caían con más fuerza, en este punto ya me encontraba muy lejos de
casa, las luces de las casas se habían transformado en comercios a punto de
cerrar y las pequeñas almas en congregaciones buscaban refugio bajo cualquier
parasol.
La humedad ya no solo se sentía en el aíre, mis ropas se
encontraba empapadas, pesadas, frías… la lluvia había comenzado a desaparecer y
solo quedaba un frío tenue que recorría las calles y erizaba mi piel.
Los pensamientos se habían mojado ya, fue suficiente exposición,
era el único caminando bajo la lluvia con una tranquilidad que rayaba en lo
extraño, no todos quieren mojarse, solo una persona a quien se le han derretido
las ideas como papel mojado, lo preciso para dormir tranquilo en una noche de
calor.
martes, 3 de noviembre de 2015
Séptima Luciérnaga: ¡Qué viva la música!
Después de mucho pensarlo y de
casi jurar que no lo haría, terminé haciéndolo, terminé en una sala de cine
esperando y viendo ¡Qué viva la música!
Recuerdo muy bien que al leer esta obra de Andrés
Caicedo, me tomé mucho tiempo para terminarla, porque en la biblioteca solo me
prestaban el libro por una semana y lo tenía que renovar constantemente y al cabo de tres renovaciones había que regresarlo. Así la lectura se alargaba y puede que 3 semanas sean suficientes para leer un libro como
ese, pero me daba tiempo con cada narración, buscaba las canciones, que en
ocasiones tarareaba María del Carmen, y sobre todo porque soy de lectura lenta.
Cuando me di cuenta que se haría una adaptación al cine de este libro, creo que tuve la sensación de que
todo se iba a la mierda, hasta aquí llegó la maravilla pero, recordé
que cuando se trata de poner la historia de un libro en un film este queda
completamente diferente, porque es otro medio de comunicación e influye para
que la historia cambie en la forma que es contada, por eso se da ese sin sabor al final y decimos “así no es en el libro”. Por un momento tuve esperanzas.
Si bien es cierto, y es algo que
he confirmado a lo largo de los años cada vez que leo algo que dicen sobre
Caicedo y sus libros, y en conversaciones con amigos y compañeros de estudio,
las historias de este autor no son la gran maravilla en cuanto a la creación de
personajes, lo que impacta de este escritor es su elocuencia al narrar sucesos
cotidianos, es algo que te atrapa (en lo personal), los viajes psicodélicos, los monólogos extendidos donde podemos conocer mejor a los personajes, elementos que se convierten en un desafío, tomando en cuenta que el tiempo limitado del formato visual. Tratar de llevar algo como esto al cine nacional, donde los presupuestos son limitados, supongo que será un pequeño dolor de cabeza , aquí el tiempo en pantalla es oro.
Supimos desde el comienzo que
este film estaría ambientado en la Cali actual, nada de la Cali de antaño, esa
Cali loca de una generación que se sentía perdida, el sentimiento que pone de
manifiesto muchas veces la novela. Punto en contra, nuevamente.
La prevalencia de la música electrónica al comienzo de la producción nos saca
de la ilusión de una juventud perdida en las pistas de baile entre rock y
salsa, y muchas drogas, claro, pero esto no es algo que se olvidara en la película, por el contrario, es un elemento muy fuerte, me arriesgo a decir que un 90%
del tiempo de proyección estamos en contacto con drogas y algo de sexo. Claramente esto también es un intento por un cine comercial.
Antes de ver la película me
encontré con un pequeño artículo en Internet de Ivan Gallo, publicado en el periódico virtual Las
2Orillas en el que se ofrecía un comentario, que muy a mi pesar, lo comparto
ahora; la película es una simple recopilación de frases del libro recitadas por
los actores (no digo nada de las actuaciones porque no me siento calificado
para hacerlo) lo que me lleva a pensar en la película como un comercial de más de una hora. La estrategia de narrar apartes del libro, pasajes destacados, es casi lo único que nos conecta con la novela original, pero no me rima con los paisajes
modernos, que aunque sigan conservando parte de las inquietudes juveniles,
estas ya no van con el apogeo de la época.
Para terminar, y que esto no se
vuelva el tedio completo, me refiero a las personas que no se hayan leído el
libro y crean que viéndose la película podrán zafarse de esa actividad, lo siento, si llegan a las salas de cine sin un mínimo conocimiento de la historia
sentirán que perdieron su dinero, aún más que los que la vimos y conocíamos la historia. Así que, estudiantes, si tienen como tarea (quien sabe en qué colegio
pongan un tarea así) no se vean la película esperando responder
bien el examen o el trabajo que derive de esa actividad, Caicedo no conoció la
salsa-choke y lo agradecemos.
Quiero pensar en una frase debajo
del nombre de la película “inspirada en el libro de Andrés Caicedo…” como una
señal para no hacer demasiadas ilusiones en tanto a la historia y la forma en cómo
se disponen a contarla.
Camilo Mendoza.
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